El debate deber ser constitucional

MI VOZ ESCRITA, Por Jorge Herrera

La clase política de la Nación dominicana debe plantearse para lo inmediato, para ¡Ya!, establecer en la Constitución, con categoría  inmutable, el debate electoral en televisión y radio a nivel nacional entre los aspirantes a la presidencia y vice-presidencia de la República.

Los otros aspirantes a cargos electivos, ya proclamados, podrían aceptar o no el eventual reto de su(s) contrario(s) o la propuesta de alguna organización de la Sociedad Civil interesada en que su circunscripción elija lo mejor, no importa lo que  aleguen, pero a sabiendas de que es a cuenta de su propio riesgo.

Con ese simple ejercicio procedimental casi se puede asegurar que el gasto oneroso y abusivo del Poder, como es en estos precisos momentos, y los ingentes esfuerzos a que se ve abocada una oposición sin recursos para competir, no tendría razón de ser.

Se impondría por gravedad newtoniana la conciencia del voto desde la tranquilidad del hogar sin temor al enfrentamiento fratricida. También se acabaría de una buena vez y para siempre con esa cuasi cultura morbosamente inhumana de contar los muertos de la campaña electoral, como en la Semana Santa.

El problema emerge al presentarse la disyuntiva entre creer en Dios o en Danilo Medina Sánchez, candidato reeleccionista de la mierda de partido en que ha convertido al PLD y a las otras letras de la sopa clientelista que se ha agenciado.

Hacerse ilusiones contando con el disque interés que ahora tiene para que se apruebe en el Congreso la Ley de Partidos y Agrupaciones Políticas y la nueva Ley Electoral, sería una nueva  inocentada de una oposición dispersa que se empecina en “buscar al ahogado río arriba”, como si eso fuera posible.

¿Es que acaso el versículo del tiburón podrido y el despojo de escrúpulos, no es suficiente para por lo menos sospechar que viene detrás? Se me ocurre, acaso cosas de un iluso mortal, que la ocasión es excelente para instaurar en este país la cultura de la controversia democrática.

La conducta de quien pretende alcanzar algo competitivo, al negarse a una confrontación con reglas consensuadas, sin razón valedera, sólo porque nada obliga, pienso que es, además de permisiva, perniciosa; pues le da patente de corso al reacio para que actúe “como chivo sin ley”

Jorgeaherrera15@hotmail.com

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